Hablar de La Púrpura de la Rosa es hablar de la más alta literatura hispánica del Siglo de Oro; es hablar de Calderón de la Barca, del teatro español y del refinado barroco de las cortes peninsulares y del Nuevo Mundo.
En 1659, Calderón dio vida al texto de una nueva obra cuyo nombre, La Púrpura de la Rosa, aludía a la transformación de la sangre de Venus tras ser herida por un jabalí enviado por Marte. La obra fue compuesta con motivo de la boda del rey Borbón Luis XIV con la infanta María Teresa, archiduquesa de Austria e hija del monarca español Felipe IV. El compositor y colaborador de Calderón, Juan Hidalgo, creó la música para la pieza, pero no se conserva rastro de ella hasta nuestros días. Medio siglo después, y en un lugar muy distante de España, en Lima (Perú), el compositor Tomás de Torrejón y Velazco puso música a los versos de Calderón de la Barca con un lenguaje musical muy similar al de las composiciones de Juan Hidalgo, quien había sido su maestro, utilizando tonos humanos, un género musical que caracterizó a la dinastía de los Habsburgo españoles durante el siglo XVII.
La obra narra las vicisitudes de un enamoramiento entre Venus y Adonis, propiciado por el Amor para burlarse de Marte, muy celoso de Venus. La Púrpura de la Rosa de Torrejón y Velazco fue representada en 1701 en la corte de Lima, capital del Virreinato del Perú.
